ADICTOS AL PLACER: La Problemática del Suicidio en Entre Ríos


Según la Organización mundial de la salud, cada año se suicidan más de 720 mil personas en todo el mundo. El suicidio es la tercer causa de muerte en adolescentes y jóvenes entre 15 a 29 años. Por cada muerte a causa de suicidio se registran 20 intentos.


En Argentina, Entre Ríos es la provincia con las tasas de suicidio más elevadas del país. La tasa de mortalidad específica por suicidio osciló, en el período 2016-2020, alrededor de 12 por cada 100.000 habitantes, superando ampliamente la tasa nacional (8 por cada 100.000 habitantes).


En cuanto a la distribución por grupos de edad en Entre Ríos, las tasas más elevadas se observaron en los mayores de 65 años, pero fueron las tasas de los grupos de 15 a 24 y 25 a 34 años las que han tenido un aumento significativo, convirtiéndose en una población vulnerable en la provincia. 


Al margen, varios estudios médicos han comenzado a examinar la posible relación entre la exposición constante a estímulos digitales y su consecuencia negativa sobre la salud mental. ¿Estará esto relacionado?


Adictos al placer.


La exposición a estímulos virtuales produce en nuestro cerebro una reacción del sistema de neurotransmisión dopaminérgico, en palabras simples: produce placer. Si la exposición a este estímulo es sistemática e ininterrumpida puede volverse crónico, es decir, provocar un aumento de los niveles de dopamina extracelular que, en individuos vulnerables, puede significar el inicio del proceso adictivo. La simple exposición  se vuelve dependencia.


El smartphone  y, en particular, el acceso ininterrumpido a redes sociales, videojuegos y otras aplicaciones, ha generado una dependencia significativa en muchas personas. Son generadores de dopamina fácil pero también de diversos trastornos en la salud mental, tales como ansiedad, depresión e insomnio. La constante estimulación digital interrumpe los patrones naturales de descanso y provoca fatiga mental, entre otras cosas.


La dopamina como neurotransmisor clave en el sistema de recompensa del cerebro se activa y libera en respuesta a estímulos placenteros. Cada notificación, mensaje o interacción en redes sociales proporciona una pequeña liberación de dopamina, lo que crea un ciclo de recompensa que incentiva un uso cada vez más frecuente del celular.


Este proceso es similar a la adicción a sustancias, donde el usuario busca estímulos constantes para mantener niveles altos de dopamina. A largo plazo, el sistema de recompensa del cerebro puede volverse menos sensible, lo que lleva a una disminución del placer experimentado en actividades cotidianas. Como resultado, las personas pueden desarrollar síntomas depresivos, sensación de vacío y una mayor propensión a pensamientos suicidas.


Numerosos estudios han encontrado una correlación entre el tiempo de pantalla prolongado y un mayor riesgo de ideación suicida, especialmente en adolescentes. Un informe publicado por el Journal of the American Medical Association (JAMA) reveló que los jóvenes que pasan más de cinco horas diarias en dispositivos móviles, tienen un riesgo significativamente mayor de depresión y pensamientos suicidas, en comparación con aquellos que limitan su tiempo de pantalla a menos de una hora diaria.


El aislamiento social derivado del uso excesivo del celular también juega un papel importante en esta problemática. En lugar de fomentar interacciones cara a cara, la tecnología ha llevado a una disminución en la calidad de las relaciones interpersonales. La falta de contacto humano genuino puede aumentar los sentimientos de soledad y desesperanza, factores de riesgo clave para el suicidio.


La interacción a través de redes sociales fomenta comparaciones poco realistas con otros usuarios, lo que puede generar sentimientos de inadecuación, baja autoestima y aislamiento. La validación a través de "me gusta" y comentarios positivos se ha convertido en una fuente de gratificación que, cuando falta, puede producir angustia emocional y reforzar sentimientos de rechazo o soledad.


Conclusión


Como vimos, esta problemática ha aumentado significativamente en los últimos tiempos en Entre Ríos, pero no parece ser tan importante para los gobernantes. En este punto, a modo de reflexión me pregunto: ¿qué están haciendo nuestras autoridades, tanto provinciales, como en cada municipio, para solucionar esto? Y, por otro lado, ¿qué estamos haciendo nosotros, los ciudadanos, para prevenir estos casos en las personas que nos rodean? Tal vez y, solo tal vez, debemos levantar más la mirada, sacarla del celular y colocarla en las personas que están cerca (aunque cada vez más lejos).


Doble Filo


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