TAPIA CONTRA LAS CUERDAS: La causa penal que acorrala a la AFA

El presidente de la Asociación del Fútbol Argentino, Claudio “Chiqui” Tapia, quedó en el centro de una causa penal de alto impacto institucional y político. No se trata de una discusión administrativa ni de una diferencia contable: la Justicia investiga una omisión sistemática en el pago de impuestos y aportes previsionales que, según la acusación, se extendió durante casi dos años.

¿De qué se acusa a la AFA?

El expediente se inicia el 12 de diciembre de 2025, a partir de una denuncia del organismo recaudador ARCA. La imputación es directa: durante 19 meses la AFA no retuvo ni pagó tributos y contribuciones a la seguridad social, pese a estar legalmente obligada.

Los conceptos involucrados no son menores: IVA, Impuesto a las Ganancias y contribuciones patronales. El perjuicio fiscal estimado supera los 19.350 millones de pesos, una cifra que coloca al caso entre los más relevantes en materia de evasión vinculada a entidades deportivas.

¿Por qué esto constituye un delito penal?

La fiscalía es clara: no se trata solo de “deber plata”. Cuando una entidad retiene impuestos de terceros y no los deposita, la conducta se encuadra como un delito penal tributario.

El eje jurídico central es el fallo “Lambruschi” de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, que fija un criterio clave: el delito se configura 30 días después del vencimiento, incluso si el pago se realiza con posterioridad. En otras palabras, pagar tarde no borra el delito.

¿La AFA no tenía dinero?

Este punto es uno de los más comprometedores para la dirigencia. Según ARCA, la AFA sí tenía capacidad económica para cumplir.

  • En diciembre de 2024 recibió ingresos por más de 45.000 millones de pesos.

  • A lo largo de 2025, acumuló más de 453.000 millones.

  • Mientras los impuestos no se pagaban, la entidad constituía plazos fijos en pesos y en dólares.

La conclusión oficial es lapidaria: no fue imposibilidad, fue una decisión.

¿Error administrativo o decisión consciente?

La acusación descarta de plano cualquier explicación basada en un “error”. La falta de pago se sostuvo de manera continuada durante casi dos años.

Los balances reflejaban deudas millonarias y estaban firmados por el presidente, el secretario general y el tesorero. Además, esos balances eran presentados y aprobados en asambleas. Para la fiscalía, esto demuestra una conducta coordinada, conocida y deliberada por la cúpula dirigencial.

Testimonios clave que comprometen a la conducción

Las declaraciones internas terminaron de cerrar el cerco. Mónica Bouvet (gerente de Administración y Control) y Paula Méndez (empleada del área) declararon que ningún impuesto se pagaba sin orden directa del tesorero.

Ambas identificaron a Pablo Toviggino como quien autorizaba los pagos, y a Claudio Tapia como administrador general de la clave fiscal. Los pagos requerían la firma conjunta de tres autoridades. La conclusión judicial es contundente: nada se hacía sin que la cúpula lo supiera.

Qué dice la defensa (y por qué no prosperó)

La estrategia defensiva intentó frenar la causa argumentando que las deudas no eran exigibles y que existían resoluciones que suspendían ejecuciones fiscales a entidades sin fines de lucro.

El juez rechazó el planteo con un criterio claro: una suspensión administrativa no elimina una eventual responsabilidad penal. La causa siguió su curso.

Lo qué viene ahora

El proceso avanza. Las indagatorias comienzan el 5 de marzoLa Justicia ya rechazó cerrar el expediente y considera que el delito está plenamente configurado.

Llegados a este punto, la pregunta dejó de ser si había plata.
La pregunta central es otra: ¿por qué no se pagó?

Un trasfondo político que excede al fútbol

El caso no ocurre en el vacío. El Estado necesita recaudar para sostener el equilibrio fiscal, una de las banderas centrales del actual esquema económico. No recaudar —o permitir que actores de peso no lo hagan— golpea la piedra angular del programa de gobierno.

En ese contexto, la conducta de la AFA no solo es penalmente relevante: tiene impacto político e institucional.

El ruido en los clubes: paro, comunicado y una señal política

San Lorenzo e Instituto y una remera en apoyo a Tapia

Lejos de bajar el perfil, la conducción de la AFA decidió redoblar la apuesta. A través de un comunicado oficial, la entidad anunció que, por decisión unánime, la fecha 9 del torneo queda suspendida por un paro en “repudio” al llamado a declaración indagatoria de Claudio Tapia.

El dato no es menor —ni casual—: la medida se anunció exactamente para la misma fecha en la que deben presentarse a declarar Tapia, Pablo Toviggino y Victor Blanco en el marco de la causa penal. La lectura judicial es inevitable: una respuesta política y corporativa frente a un avance de la Justicia.

Según el comunicado, los clubes “acompañan” al presidente de la AFA y consideran que la citación judicial constituye una suerte de persecusión institucional. En los hechos, la AFA utilizó el calendario del fútbol argentino como herramienta de presión, paralizando la competencia como gesto de respaldo explícito a su conducción.

La pregunta que se instala —y que nadie dentro del sistema parece querer responder— es incómoda pero inevitable:
¿los clubes apoyan por convicción… o por miedo?
¿Es solidaridad dirigencial o complicidad silenciosa?

Porque si algo dejó claro la causa es que los balances se aprobaron en asamblea, las deudas eran conocidas y la omisión fue sostenida en el tiempo. En ese contexto, el apoyo “unánime” ya no luce como un acto ingenuo, sino como una señal de cierre de filas frente a un proceso que amenaza con desnudar el funcionamiento interno del poder en el fútbol argentino.

Así, el conflicto dejó de ser estrictamente penal. El expediente judicial avanza, pero el sistema responde con política, paros y comunicados. La disputa ya no es solo por impuestos impagos: es por el control, la impunidad y los límites del poder dentro de la AFA.

Y esta vez, la Justicia parece dispuesta a no mirar para otro lado.


Por Kevin Leiva

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