“El Efecto Trump”: Una bola de nieve que nadie detiene

A la fecha, el mandatario de los Estados Unidos, Donald Trump, ha firmado más de 60 órdenes ejecutivas sin aún haber terminado sus 100 primeros días de gobierno. En este esfuerzo por “hacer a América grande otra vez”, ha cubierto temas migratorios, de política exterior, y por supuesto, de batalla cultural, dándole fuertes estocadas al wokeismo.

Foto presidencial oficial de Donald Trump en su segundo mandato

Para iniciar, es importante refrescar nuestras definiciones. Acuñamos el concepto que el politólogo argentino, Agustín Laje, presenta en su libro “La Batalla Cultural”; esta comprende la lucha por definir los elementos hegemónicos de una cultura, analizando aquellos cambios que generan conflictos de gran magnitud en y a través de la misma cultura, provocando el surgimiento de grupos de la sociedad que conscientemente promueven estos cambios o -como nosotros- los resisten y luchamos contra ellos.

Asimismo, el wokeismo es un término que proviene del verbo en inglés “wake” -y lo usan en su tiempo pasado: “woke”- que significa “estar despierto”. Se emplea para referirse a aquellas personas que “han despertado” a los “nuevos sistemas de opresión" del s. XXI, quienes en realidad se han puesto una  nueva venda progresista sobre los ojos. En ese sentido, son los que en esta batalla cultural defienden el feminismo, el ecologismo radical, la ideología de género, entre otros.


Una bola de nieve que desde la Casa Blanca arrasa con el wokeismo

Trump restauró la “verdad biológica” en el gobierno y en la sociedad sobre que solo existen dos sexos reconocidos en EEUU: hombre y mujer. Podría parecer una medida absurda, pero un país donde los ciudadanos podían poner “X” en el sección de sexo de su pasaporte o de su ID, es una aclaración necesaria. Asimismo, eliminó todos los programas gubernamentales de DEI; es decir, los programas de diversidad, equidad e inclusión, mediante los cuales se les aseguraba cupos a miembros de minorías categorizadas por género o raza, dejando de lado el concepto de meritocracia.

Además, puso fin a la participación de hombres que se perciben como “mujeres trans” en los deportes femeninos. Una lucha que empezó con los justos reclamos por justicia de la nadadora Riley Gaines, quien en el 2021 compitió y perdió contra “Lia Thomas”, el primer estadounidense abiertamente “nadadora transexual”, y que por supuesto empezó a quitarle todos los podios a las mujeres.

Lia Thomas / Riley Gaines

El efecto “Trump”

A raíz de todos estos cambios, se han observado reacciones de empresas que han decidido retroceder en sus políticas woke. Un caso destacable es el de Google, quienes oficialmente han eliminado el “Mes del Orgullo” de su aplicación de calendario. Asimismo, Mark Zuckerberg, CEO de Meta, anunció que se retirará su sistema de fact-checking mediante el cual antes se les acusaba de limitar la libertad de expresión de sus usuarios con posturas más antiwoke

Aún más, con la pausa de fondos de USAID hacia distintos países, el avance del progresismo en Latinoamérica también se ve amenazado. En Perú, por ejemplo, se halló que a través de la cooperación internacional provenientes de USAID, se entregaron $32 millones para un cómic trans accesible para menores de edad y hoy ya se están tomando medidas correctivas.

Ciertamente, en el tiempo se podrá realizar un análisis más exhaustivo de lo que ahora llamamos “el efecto Trump” y cuánta influencia ha tenido. Por ahora, se están dando varios cambios a favor del lado del sentido común dentro de la batalla cultural, y esto es algo que debemos aprovechar para continuar nuestra lucha en cada una de nuestras naciones.

Por Magda Núñez

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