ENTRE RÍOS EN ROJO: Déficit fiscal y una apuesta arriesgada

La situación fiscal de Entre Ríos atraviesa un momento crítico. Hoy la provincia recauda menos que durante la pandemia del COVID-19, uno de los períodos más críticos en materia económica de los últimos tiempos. Esto, naturalmente, se traduce en un déficit fiscal que genera preocupación en el gobierno provincial.

Desde su asunción en diciembre de 2023, la gestión del gobernador Rogelio Frigerio se ha centrado en ordenar las cuentas públicas, con una estrategia que prioriza la austeridad, el sentido común y, sobre todo, la transparencia como eje central. Aunque el gobierno asegura haber cerrado el año 2024 con superávit, los números actuales muestran otra realidad: al cierre de abril, la provincia registra ingresos por debajo de los niveles esperados y un gasto que continúa creciendo.

No obstante, el déficit no se explica únicamente por la caída en la recaudación, sino también, por una decisión política. La decisión fue la de sincerar la deuda provincial, incluyendo pasivos que en gestiones anteriores fueron deliberadamente omitidos o subestimados con fines políticos. Con esta medida el gobierno provincial busca enviar una señal clara al sector privado: Entre Ríos aspira a generar un entorno confiable para futuras inversiones, y para ello es necesario mostrar con crudeza el estado real de las cuentas.

El peso del gasto fijo: sin margen de maniobra

Uno de los principales problemas que enfrenta hoy el Ejecutivo provincial es la rigidez de su estructura de gasto. El 80% del presupuesto se destina al pago de salarios, jubilaciones y deuda pública. Esto deja sólo un 20% disponible para el resto de las funciones del Estado, entre ellas obras públicas, servicios sociales y programas estratégicos.

Dentro del gasto fijo, el pago de la deuda es una prioridad que no se negocia. Frigerio es indispensable que la provincia no caiga en default y renegociar los términos ya acordados no es una opción. Se trata de una postura que busca preservar la credibilidad institucional y mantener abiertas las puertas para el financiamiento futuro.

Transparencia como estrategia estructural

En este contexto, la transparencia no es solo un ideal discursivo, sino una herramienta concreta de gestión. El gobierno apuesta a mejorar el uso de los recursos mediante un control más estricto del gasto público. Esto implica avanzar sobre áreas sensibles, como la revisión de contratos irregulares, el control de asistencia y desempeño en la administración pública, y la redefinición de funciones dentro del aparato estatal.

La intención es clara: reducir gastos improductivos sin aplicar un ajuste generalizado que afecte directamente a los sectores más vulnerables. Para lograrlo, la administración provincial necesita eliminar prácticas que durante años fueron toleradas, pero que hoy representan un obstáculo para la eficiencia.

El impacto de la inflación

La inflación continúa siendo un factor de distorsión. Para el último mes, el Ejecutivo provincial proyectaba una suba de precios de entre el 2,2% y el 2,6%. Sin embargo, el índice oficial terminó marcando un 3,7%. Esta diferencia, aparentemente menor, representa un deterioro del poder de compra de los ingresos públicos, y por ende, una mayor presión sobre las finanzas provinciales.

En un contexto de alta volatilidad macroeconómica, incluso las proyecciones más conservadoras se ven rápidamente desfasadas por la dinámica inflacionaria, lo que obliga al gobierno a recalcular constantemente sus estrategias fiscales.

En este contexto, el Ejecutivo provincial se mantiene expectante ante los pronósticos alentadores para la macroeconomía nacional en los próximos meses. La administración de Frigerio confía en que el proyectado crecimiento del 5% del PBI a nivel país genere un impacto positivo en la economía entrerriana, aliviando parcialmente las tensiones fiscales actuales.

Un escenario complejo, pero con un plan

A pesar de las dificultades, el gobierno de Entre Ríos asegura tener un plan: sincerar las cuentas, ordenar el gasto y sentar las bases para una recuperación sostenida. La gran incógnita es si ese plan será suficiente o si se necesitará aplicar medidas más drásticas.

Con un gobierno nacional decidido a alcanzar el déficit cero a través de un fuerte ajuste del gasto público, Entre Ríos enfrenta un espejo incómodo. La reducción del Estado a nivel nacional ya empieza a mostrar algunos resultados contables. La pregunta que empieza a circular en los pasillos de Casa de Gobierno es si la provincia debe seguir ese mismo camino con igual contundencia.

Lo que está claro es que no se puede seguir gastando más de lo que se recauda. La sostenibilidad fiscal ya no es solo un objetivo deseable, sino una condición indispensable para el futuro inmediato. Entre Ríos está en una encrucijada: ordenar sus finanzas o seguir postergando decisiones que tarde o temprano deberán tomarse.

Por Kevin Leiva

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