¿EL FIN DEL ORGULLO? El resurgir de una mayoría silenciosa

El 28 de junio se conmemora el Día Internacional del Orgullo LGBT+, una fecha que recuerda los disturbios de 1969 en el bar Stonewall Inn de Nueva York. Lo que comenzó como una manifestación contra el abuso policial derivó, décadas más tarde, en una maquinaria global de propaganda impulsada por gobiernos, corporaciones y organismos internacionales.

Gracias al respaldo de estas fuerzas, lo que era un día simbólico se transformó en el llamado “Mes del Orgullo”: una campaña intensiva de marketing ideológico que invade absolutamente todos los espacios sociales. Desde los niños —blanco cada vez más explícito— hasta los ancianos, nadie escapa al bombardeo de mensajes, productos y narrativas diseñadas para imponer una visión del mundo alineada con los postulados del activismo woke.

Pero algo comenzó a cambiar. Desde finales del 2024 en adelante, se percibe una desaceleración, e incluso una retirada silenciosa de muchas de las grandes empresas que hasta hace poco lideraban la avanzada ideológica. ¿Qué está motivando este aparente cambio de rumbo?

LOS ARREPENTIDOS

Empresas como Microsoft, Apple, Levi’s, Disney, Google y muchas otras solían marcar el mes de junio como un momento clave para visibilizar su “apoyo” a la comunidad LGBT+. Esto se traducía en logos con la bandera arcoíris, campañas publicitarias temáticas y publicaciones en redes sociales reivindicando la lucha del colectivo.

Pero este año, la tendencia dio un giro. Muchas de estas compañías optaron por el silencio: no modificaron sus logotipos, no lanzaron campañas ni publicaron mensajes a favor del Mes del Orgullo. A simple vista puede parecer un detalle menor, pero en realidad, es el síntoma de una tendencia mayor: el inicio de un repliegue significativo en el respaldo corporativo a la llamada agenda “woke”.

Un caso emblemático fue el de Disney. Su CEO, Bob Iger, declaró públicamente que la empresa dejaría de involucrarse en el activismo político. "Ya no haremos activismo político", afirmó. Esa frase marca una inflexión.

Bob Iger, CEO de Disney

LOS RESPONSABLES

¿Qué explica este giro? La respuesta es más simple de lo que parece: el verdadero poder no reside en las corporaciones ni en los gobiernos, sino en los ciudadanos.

Durante años, una minoría organizada logró imponer sus valores sobre una mayoría silenciosa. Pero el panorama cambió cuando esa mayoría empezó a despertar y, no sólo reaccionar, también organizarse. Frente a un rechazo creciente, muchas empresas comenzaron a recular. Las pérdidas económicas hablaron más fuerte que los discursos.

En Argentina, lo vimos con la irrupción de Javier Milei. En Estados Unidos, con el resurgimiento político de Donald Trump. Y en el plano cultural, con el fracaso comercial de productos fuertemente ideologizados. Producciones como Lightyear, La Sirenita, Strange World y Wish no solo no cumplieron las expectativas de taquilla: dejaron números en rojo.

El mensaje fue claro: cuando el consumidor dice “basta”, las empresas escuchan o se funden. No retroceden por convicciones éticas, sino por la supervivencia económica de la empresa. El supuesto compromiso con ciertas causas termina donde empiezan las pérdidas.

CONCLUSIÓN

Lo que estamos presenciando es el resurgir de los valores de una mayoría que se encontraba dormida. Las banderas woke ya no se agitan con tanta convicción desde los grandes centros de poder y, muchas corporaciones que antes lideraban la carga, hoy optan por el silencio o la moderación.

Estamos asistiendo al inicio de una nueva etapa: una en la que la ciudadanía retoma el protagonismo y las agendas dejan de ser impuestas desde arriba. Y tal vez, también, quede al descubierto que muchas de las grandes causas contemporáneas no eran más que estrategias de marketing camufladas de compromiso social.

Por Kevin Leiva


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