EL BASTIÓN PERONISTA: La Tercera Sección Electoral como medida desesperada

En una entrevista con Gustavo Silvestre en C5N, Cristina Fernándes de Kirchner dio a conocer su candidatura a legisladora bonaerense por la Tercera Sección Electoral en las elecciones del 7 de septiembre, destacando la importancia estratégica de esta región para el peronismo.

Con su estilo característico, la expresidente desplegó un discurso cuidadosamente enmarcado en una serie de estrategias políticas que revelan tanto su mirada sobre la coyuntura actual como su voluntad de seguir incidiendo en el rumbo del país, por supuesto al frente del peronismo como presidente del PJ. Más allá de sus declaraciones, lo más revelador fueron algunos comentarios que son cuestionables y que hay que esclarecer.

Durante la entrevista la expresidente, aseguró en referencia a la gestión de Alberto Fernández (Frente de Todos) en 2023: “Veníamos de trabajadores registrados que por primera vez en un gobierno peronista eran pobres”, esto es totalmente cuestionable.

La frase puede hacer alusión a que dentro de los gobiernos peronistas no hay trabajadores pobres, o también se puede interpretar que es a la primera vez que se registran trabajadores que pasaron a estar por debajo de la línea de la pobreza, que se podría afirmar como verdadero.

La primera interpretación podría refutarse de la siguiente manera: según los registros del INDEC, durante el mandato de la propia Fernández de Kirchner (entre 2008 y 2015) se registró un promedio de 11,8% de trabajadores pobres. 

Lo mismo ocurrió en la presidencia de Néstor Kirchner (Frente para la Victoria), cuando el promedio de trabajadores asalariados pobres fue del 21%. En este caso, no obstante, durante todo el mandato se registró un descenso desde el 32,3% con el que asumió la gestión (luego de la crisis del año 2001) hasta el 15,3% al finalizarla, en diciembre de 2007. 

En el caso de CFK también se registró una reducción en el número de asalariados pobres durante su primer mandato, pero a partir del primer semestre de 2014 el número volvió a subir desde el 8,8% hasta terminar en el 11,6%. 

Por esto, la frase de Cristina Fernández de Kirchner es falsa. De acuerdo con los datos oficiales, si bien al finalizar la gestión de Fernández se registró un pico de pobreza entre los trabajadores asalariados, también durante gestiones peronistas anteriores podemos encontrar un porcentaje de trabajadores pobres.

La Tercera Sección Electoral: El bastión clave del peronismo bonaerense

En cada elección nacional o provincial, la Provincia de Buenos Aires se convierte en el principal escenario político del país. Dentro de ella, la Tercera Sección Electoral ocupa un lugar privilegiado: no solo por su peso numérico, sino porque condensa buena parte de la historia, la identidad y la estrategia electoral del peronismo. Entender su importancia es entender una de las claves del poder político en la Argentina.

Un mapa densamente poblado y políticamente activo

La Tercera Sección está compuesta por 19 municipios del conurbano bonaerense sur, entre ellos La Matanza, Lomas de Zamora, Quilmes, Lanús, Avellaneda, Almirante Brown y Esteban Echeverría. Se trata de una de las regiones más densamente pobladas del país, con más de 4 millones de electores habilitados. Solo La Matanza, por ejemplo, concentra alrededor del 5% del padrón nacional.

Esta alta concentración demográfica convierte a la Tercera en un actor determinante: cualquier fuerza política que aspire a disputar seriamente el poder necesita obtener allí una ventaja considerable o, al menos, evitar una derrota aplastante. Para el peronismo, sin embargo, la Tercera no es solo un desafío electoral: es su territorio natural.

Desde el retorno de la democracia en 1983, la Tercera Sección ha sido sistemáticamente un bastión del voto peronista. No se trata simplemente de una inercia estadística: es el resultado de una construcción política, social y cultural sostenida durante décadas. Esta lealtad se manifiesta en las urnas: aún en contextos adversos, como las elecciones legislativas de 2021 o las presidenciales de 2023, el peronismo logró mantenerse competitivo en la Tercera, amortiguando derrotas nacionales con buenos resultados seccionales.

Sin embargo, la Tercera ya no es un territorio monolítico. El avance de fuerzas opositoras (desde el PRO en distritos como Lanús hasta el fenómeno libertario de Javier Milei en sectores jóvenes y desencantados) obliga al peronismo a repensar su estrategia. El terreno que antes parecía asegurado ahora se presenta como un frente de disputa. La fidelidad ya no es automática: requiere presencia, escucha y políticas concretas. Frente al descontento económico, el deterioro de servicios públicos y la fragmentación social, el peronismo enfrenta el desafío de revalidar su vínculo con un electorado que fue históricamente propio, pero que ya no responde con la misma contundencia.

En resumen, la Tercera Sección Electoral es mucho más que una circunscripción administrativa. Es el corazón electoral del peronismo, el territorio donde se juega buena parte de la batalla política de la Provincia de Buenos Aires y, por extensión, del país. Ganar en la Tercera no garantiza una victoria nacional, pero perder allí suele ser el anuncio de una derrota difícil de revertir, no es una opción: es una necesidad vital. Y, quizás, la clave para que el peronismo vuelva a ser mayoría.

Finalmente, si una fuerza como la de Milei logra consolidarse en la región más populosa y simbólicamente peronista del país, también será una señal para el conjunto del sistema político. Hablaría de un desencanto profundo con las formas tradicionales de hacer política, y abriría la puerta a nuevas expresiones que podrían ser aún más imprevisibles.

En síntesis: que Milei avance y el peronismo retroceda en la Tercera Sección no sería simplemente un dato electoral. Sería un síntoma de que el corazón del poder popular y territorial está mutando, y que las formas clásicas de representación política están dejando de funcionar como antes. Para el peronismo, sería una señal urgente de que debe reconstruir su vínculo con sus propias bases, antes de que el desencanto se convierta en ruptura definitiva.


Por Kiara Benitez


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