El Puerto Nuevo de Paraná, inaugurado en 1926 para facilitar el comercio fluvial cuando el río era el eje de la economía regional, hoy está prácticamente inactivo. Sus instalaciones están subutilizadas, no hay operatoria de cargas significativa y el predio no ha sido resignificado. Mientras tanto, ciudades como Rosario, Santa Fe o Buenos Aires transformaron sus costas en espacios urbanos, turísticos y productivos. Paraná, en cambio, continúa de espaldas a su río.
La parálisis del Puerto Nuevo no es casual ni reciente, es resultado de décadas de inacción, de gestiones fragmentadas y promesas que no se concretaron. Se han anunciado entes, convenios, transferencias pero nada se ejecutó. Mientras tanto, la ciudad sigue desaprovechando uno de sus espacios más valiosos y estratégicos.
Lejos de ser un espacio perdido, el Puerto Nuevo representa una oportunidad concreta para el desarrollo urbano. Se trata de una franja costera con ubicación privilegiada, que exige reconvertirse en un paseo turístico, cultural y recreativo, integrando vida urbana, naturaleza y servicios. Sin embargo, tal como está hoy, el puerto no solo es un espacio inactivo: es también una barrera física que impide la conexión entre la costanera y el balneario Thompson, dos zonas vitales del vínculo entre la población y el río.
La transformación del puerto debería incluir no solo sus instalaciones principales, sino también Puerto Sánchez, un enclave tradicional que forma parte de la identidad ribereña de Paraná. Cualquier proyecto de reconversión debe contemplar su inclusión, fortaleciendo su valor histórico y cultural mientras se lo integra al nuevo tejido costero. Una visión urbana madura que incorpore, potencie y conecte.
Pero además del uso urbano, hay una necesidad estratégica más amplia, retomar el protagonismo regional en la actividad fluvial. Para eso, una propuesta ambiciosa y realista sería impulsar la creación de un nuevo puerto logístico metropolitano en conjunto con Santa Fe, preparado para integrarse a los corredores de comercio regionales. Así como se pensó el Túnel Subfluvial como un proyecto transformador, hoy se necesita una infraestructura común que recupere el rol del río como eje de integración económica.
El río Paraná no es solo parte del nombre de esta ciudad: es parte de su identidad y de su destino y no debería resignarse a un puerto que de nuevo solo tiene el nombre. Hay que asumir que la situación del puerto necesita dos respuestas complementarias, la reconversión urbana del Puerto Nuevo y su integración con la costanera, el Thompson y Puerto Sánchez. Y por otra parte la creación de un nuevo puerto comercial junto a Santa Fe, que recupere la lógica metropolitana y fluvial.
Lo que falta no son ideas, ni proyectos: falta decisión. Y Paraná ya no puede seguir esperando. El río está. El futuro también. Es tiempo de conectarlos.
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