“Volatilidad”. Esa es la palabra que desde hace semanas domina el debate público en Argentina. La repiten oficialismo, oposición y periodistas para describir este periodo previo a las elecciones, marcado por la incertidumbre y los riesgos que genera. Aunque el término se aplica sobre todo a la política y la economía, lo cierto es que también refleja el comportamiento de buena parte de la sociedad.
La violencia, lamentablemente, se ha vuelto moneda corriente en el país. Y en los últimos meses asistimos a una peligrosa escalada que parece responder a un factor ineludible: la cercanía de las elecciones legislativas. Los hechos ocurridos entre el 25 y el 28 de agosto lo evidencian con crudeza.
25 de agosto, Junín
27 de agosto, atentado en Lomas de Zamora
Dos días después, Milei encabezó una caravana en Lomas de Zamora junto a su hermana Karina y al candidato José Luis Espert. La comitiva fue agredida con piedras por militantes kirchneristas. Incluso, un referente de la agrupación HIJOS, se lanzó sobre la camioneta de la comitiva intentando subirse para agredir a Javier Milei. Muchos intentan relativizarlo, a su vez inventan teorías injustificadas, pero el objetivo era evidente: dañar gravemente al presidente.
La violencia también alcanzó a la Universidad de Buenos Aires. En la Facultad de Derecho, un enfrentamiento entre agrupaciones estudiantiles vinculadas a la política nacional terminó en batalla campal. Los protagonistas: la agrupación libertaria Somos Libres y la Juventud Universitaria Peronista. Un nuevo recordatorio de hasta qué punto la política partidaria ha colonizado espacios que deberían ser de formación y debate académico.
No comulgar con el mal
Navegando por YouTube me encontre con un video del youtuber Tipito Enojado en el que decía lo siguiente:
“Acá no hay que reparar ninguna grieta. Siempre hay que tenerla clara porque es moral.”
Coincido plenamente. Más allá de la bandera política que cada uno enarbole, existe una grieta anterior y más profunda que lo divide todo: la que separa el bien del mal.
La palabra “comulgar” tiene un sentido fuerte. Según la Real Academia Española, en su tercera acepción significa: “coincidir en ideas o sentimientos con otra persona”. Pues bien: el bien no puede, bajo ninguna circunstancia, coincidir con el mal. Y violentar a alguien por pensar distinto está mal. Atacar con piedras a un presidente porque no se comparte su pensamiento, está mal.
En este sentido, nuestra nación tiene un problema más profundo que la grieta política: la grieta moral. Argentina está dividida entre aquellos que son violentos y antidemocráticos por un lado; y aquellos que, aunque pienses distinto a ellos, jamás recurrirían a la violencia.
Esto nunca fue un misterio, las caras del bien y del mal siempre han estado descubiertas para el ser humano. Cada uno, desde lo más profundo de sí, entiende en qué campo lo posiciona cada una de sus acciones. La pregunta que queda abierta es inevitable:
¿De qué lado de esa grieta te coloca tu bandera política?
No dejen que el mal los venza, más bien venzan el mal haciendo el bien.
Romanos 12:21 (NTV)




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