LA GRIETA NO ES EL PROBLEMA y entenderla puede ser la solución

En Argentina vivimos un tiempo en el que la famosa “grieta” se hizo cada vez más profunda. De hecho, una crítica recurrente por parte de los medios hegemónicos y de ciertos políticos “bien pensantes” hacia el gobierno de Javier Milei es su búsqueda sistemática de polarizar la discusión pública.

Generalmente, la grieta se presenta como algo negativo. La frase típica es: “hay que terminar con la grieta”. Pero yo me pregunto: ¿realmente la grieta es algo negativo? ¿Debemos buscar cerrarla? Y si existe una grieta, ¿quiénes están de cada lado?

La grieta

El término “la grieta” fue popularizado por Jorge Lanata en su discurso al recibir el Martín Fierro en 2013. Allí dijo: “Hay una división irreconciliable en la Argentina y yo la llamo la grieta”. Desde entonces, el concepto comenzó a utilizarse de manera sistemática para describir la división del espectro político-partidario del país.

Sin embargo, la grieta va mucho más allá de la política partidaria. En ese mismo discurso, Lanata continuó: “La grieta ya no es política, es cultural; tiene que ver con cómo vemos el mundo”.

Jorge Lanata en su discurso, año 2013

Lanata realmente la vio: entendió de qué se trata en esencia. Durante mucho tiempo se interpretó la grieta como peronismo y antiperonismo, izquierda y derecha, o distintas identidades partidarias. Esto, por supuesto, fue alimentado por los propios políticos —generalmente el peronismo— para capitalizar electoralmente esa división, como si se tratara de una lógica Boca-River. También los medios hegemónicos de comunicación alimentaron esto con el objetivo de generar algún rédito económico.

El kirchnerismo profundizó aún más esta dinámica bajo la narrativa "dictadura o democracia", este discurso "K" mutó en los últimos años a: “nosotros somos la patria; quien está en nuestra contra está traicionando la patria”. Por su parte, el gobierno actual también profundiza esa lógica, pero definiendo la división como una grieta moral.

Desde que el término se popularizó, muchos lo utilizaron políticamente para profundizarlo, como ya vimos. Pero también están quienes adoptan una supuesta superioridad moral y se posicionan como conciliadores. Durante la campaña presidencial de 2023, Horacio Rodríguez Larreta declaró en el programa Animales Sueltos junto a Alejandro Fantino que “hay que terminar con la grieta”.

Dante Gebel y Horacio Rodriguez Larreta

Más recientemente, Dante Gebel —sobre quien algunos especulan una eventual candidatura presidencial en 2027— declaró en una entrevista con Luis Novaresio que “no hay que acentuar más la grieta”. Y es aquí donde vale responder una pregunta central para dejar de hacer demagogia con este tema.

¿Se puede cerrar la grieta?

No solo no se puede cerrar, sino que tampoco se debe buscar hacerlo.

La grieta no comenzó a existir cuando Lanata utilizó el término; simplemente le puso nombre a algo que ya estaba presente en la sociedad y, por lo tanto, también en la política. Desde el momento en que el ser humano adquirió conocimiento del bien y del mal, la grieta comenzó a formarse.

Efectivamente, la grieta es política, cultural y moral, porque en última instancia es la manifestación de una división más profunda: la que existe entre el bien y el mal. Por eso, en su esencia, es irreconciliable.

¿Cómo puede la justicia asociarse con la maldad? ¿Cómo puede la luz vivir con las tinieblas? 2 Corintios 6:14b (NTV)

Esto no significa que un partido político sea intrínsecamente bueno y otro malo. De una vez por todas debemos abandonar la lógica partidista de creer que el bien y el mal se reducen a etiquetas políticas. Va mucho más allá: se trata de las ideas.

Hay ideas que están del lado del bien y otras del lado del mal. Por ejemplo, desde esta perspectiva, el aborto se encuentra del lado del mal, mientras que defender ambas vidas representa estar del lado del bien. En consecuencia, aquellos políticos o partidos que promuevan políticas públicas proaborto se ubican en una posición moral determinada, mientras que quienes promueven políticas orientadas a proteger tanto a la madre como al niño por nacer se ubican en otra. Y esto trasciende por completo la discusión entre kirchnerismo y liberalismo o izquierdas y derechas.

Otro ejemplo: las ideas que defienden la propiedad privada se ubican del lado del bien; aquellas que promueven la expropiación o la apropiación de lo ajeno, del lado del mal.

Vale una aclaración importante: así como la verdad es trascendente al ser humano —es decir, existe independientemente de nuestra experiencia o aprobación—, también lo son el bien y el mal. ¿Qué significa esto? Que no es el ser humano quien determina qué está bien o qué está mal. Tampoco lo hacen las leyes.

La esclavitud, por ejemplo, fue legal y socialmente aceptada durante siglos, y aun así era moralmente incorrecta. Del mismo modo, que una práctica sea legal o aceptada por parte de la sociedad no la convierte automáticamente en buena. Bajo esta lógica, el aborto sigue estando mal, así como robar también está mal.

Conclusión

La grieta existe y es irreconciliable. Todo aquel que sostiene que “hay que terminar con ella” incurre, como mínimo, en ingenuidad por ignorancia; y en muchos casos, en simple demagogia.

La única manera de cerrarla no es reconciliando el bien con el mal, sino venciendo al mal mediante el triunfo del bien.

No dejen que el mal los venza; más bien, venzan el mal haciendo el bien. Romanos 12:21 (NTV)


Por Kevin Leiva

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