¿Está la industria de la música financiada por el narcotráfico?
Si. Esa sería la respuesta que nos encantaría dar. Sin embargo, al analizar la historia de la música, nos damos cuenta de que el género más cercano a esta afirmación podría ser el de los Corridos Tumbados Mexicanos. No obstante, no todos los corridos tumbados están financiados por el narcotráfico.
Esto nos lleva a una serie de preguntas clave: Si algunos artistas son financiados por el narcotráfico, ¿los corridos tumbados podrían estar sirviendo como herramienta de reclutamiento para los carteles? ¿Es la música un instrumento cultural de control del pensamiento?
La historia de la música está llena de controversias relacionadas con las drogas, ya sea desde el consumo hasta la venta. Para ilustrarlo, veamos algunos casos emblemáticos
El Jazz: La música en los bares clandestinos y la mafia
Durante las décadas de 1920 y 1930, con la implantación de la Ley Seca, se prohibió la producción, venta y distribución de alcohol en Estados Unidos. Aunque hoy no lo consideramos una droga, en aquella época se creía que el alcohol generaba pobreza, enfermedades mentales y violencia.
En este contexto, el crimen organizado surgió para controlar el contrabando y el mercado negro de bebidas alcohólicas. Las mafias manejaban bares clandestinos conocidos como speakeasies, y figuras como Al Capone dominaron el negocio. También clubes como el Cotton Club en Nueva York estaban controlados por la mafia.
Aquí es donde entra el jazz, que se convirtió en la banda sonora de estos establecimientos. Sin embargo, ¿era el jazz una herramienta de comunicación mafiosa?
En sus inicios, el jazz era interpretado principalmente por afroamericanos, descendientes de esclavos, quienes usaban la música para expresar su desesperación, lucha por la supervivencia y esperanza de libertad. Aunque sus intérpretes eran marginados, encontraron refugio en estos bares, lo que refuerza una idea interesante: lo rechazado por la sociedad encontró una forma de expresarse en la música.
Gangsta Rap: Narcotráfico en EEUU
Entre los años 80 y 90, en EE.UU. se vivió una de las pandemias más graves: la epidemia del crack. Ésta se caracterizó por ser una droga barata y altamente adictiva. Algunos relatos sólo dicen que esto afectó a los afroamericanos y los latinos. Sin embargo, el National Institute on Drug Abuse (NIDA) determinó que esta epidemia no hacía distinción de raza o de grupo social. Un estudio de 1991 del Department of Health and Human Services mostró que el 65% de los consumidores de crack eran blancos, pero los arrestos y condenas afectaban desproporcionadamente a los negros y latinos. Mientras que la cocaína en polvo (asociada a blancos de clase alta) tenía penas más leves, el crack (más barato y accesible en barrios pobres) resultaba en sentencias drásticamente más severas. La ley Anti-Drug Abuse Act de 1986 estableció una proporción de 100:1 en la diferencia de penas entre la posesión de crack y la de cocaína en polvo. Esto significaba que alguien con 5 gramos de crack recibía la misma sentencia que alguien con 500 gramos de cocaína en polvo. Aunque blancos, negros y latinos consumían drogas en proporciones similares, entre los años 80 y 90, los afroamericanos representaban el 80/90% de las condenas por crack, a pesar de ser menos de la mitad de los consumidores. Aquí fue donde surgieron las pandillas, principalmente los Bloods y los Crips en Los Ángeles. En este contexto, la forma más pura de expresión que hubo, para un pueblo profanado por el crack y la cocaína fue el Gangsta Rap, cuyas letras explícitas se caracterizaba por crónicas de la vida en las calles, además de hablar sobre drogas, armas, violencia y corrupción policial. Grupos como N.W.A. (con Ice Cube, Dr. Dre y Eazy-E) el cual lanzó Straight Outta Compton (1988), con canciones como F* tha Police, que denunciaban la brutalidad policial. Por su parte, Tupac Shakur y The Notorious B.I.G. encarnaron la narrativa del “hustler” (traficante que sobrevive en el sistema). Tupac tenía fuertes lazos con el movimiento Pantera Negra. Eazy-E y Death Row Records (Suge Knight) estuvieron ligados a dinero del narcotráfico y pandillas. En los 90, la rivalidad entre las costas Este y Oeste llevó a los asesinatos de Tupac (1996) y Biggie (1997), alimentando la idea de que el hip-hop estaba conectado con el crimen.
Por mucho tiempo se debatió si el rap era una denuncia social o una glorificación del crimen. No obstante, queda el interrogante: En un contexto de opresión e injusticia absoluta ¿era el rap una incitación a la delincuencia o un grito desesperado de protesta?
Narcocorridos: Narcotráfico Cultural
Aquí me gustaría introducir el tema con una breve anécdota. Cierta vez, en el 2018, me tocó viajar a Mazatlan, Sinaloa, Mexico por trabajo. El trabajo, a decir verdad, no tenía nada que ver con la música, tenía que dar clases de Bases de Datos a un equipo de desarrolladores de una cadena de hoteles famosa de México. Uno de los días de descanso, nuestro anfitrión nos llevó por varios lugares autóctonos a fin de conocer la belleza de la cultura local. Al terminar ese día, regresando al hotel, en su camioneta en una noche de tránsito por el centro Mazateco, la conversación tomó un tinte interesante. Yo le comente que además de mi rol técnico como DBA, también hacía música, a lo que me respondió que me faltaba conocer un pequeño aspecto de la cultura mexicana que era peligroso que conozca. A lo cual, me llamó poderosamente la atención. Acto seguido comenzó a buscar una canción en youtube y me dijo “mantén el volumen bajo y trata de que no se vea la pantalla del teléfono afuera de la camioneta”, lo cual me resultó extraño ya que su camioneta llevaba vidrios completamente polarizados. A lo que él respondió a mi cara de duda “es que esta música es típica de los carteles aquí y está prohibido escucharla, si nos encuentran nos pueden meter en prisión”. Esta música tenía una métrica muy rara pero que me intrigaba. Curiosamente, algunos años después aparecería Peso pluma y el fenómeno de los corridos tumbados con esa misma métrica y ese mismo género musical prohibido.
Los corridos tradicionales eran música que narraba hazañas de héroes revolucionarios como Pancho Villa. Sin embargo, en los 70s México se convirtió en el punto de narcotráfico más importante hacia los EEUUs, dando origen así a los narcocorridos, los cuales ya no narraban hazañas de héroes revolucionarios sino que glorificaban a los narcotraficantes como figuras de poder y riqueza. En los 90 y 2000, Los Tucanes de Tijuana, Chalino Sánchez y Valentín Elizalde llevaron el narcocorrido a la cultura popular. El Cartel de Sinaloa financiaba artistas para componer corridos a sus líderes. Sin embargo, no financió al género entero. No obstante, la duda que queda en el tintero es: Si el patrón histórico de opresión social que lleva a una expresión artística se repitió en México, ¿cuál fue la opresión que llevó a glorificar a narcotraficantes en lugar de héroes nacionales?
Trap: “esto no es música, es droga”
Por último, tenemos este género que hasta hace poco era la moda: el trap. Este, se originó alrededor de los 90s en Atlanta, EEUU, influenciado por el rap y la música electrónica. Su nombre viene de los “trap houses”, las cuales eran casas donde se vendían drogas en barrios marginales. Aquellos jóvenes que vendían drogas, con el dinero que juntaban comenzaron a comprarse cajas de ritmos y samples para producir música. Es así como nació la música trap, de jóvenes que hablaban de lo que viven: la venta y el consumo de drogas, prostitucion, delincuencia, etc. Sin embargo, cabe destacar que eran los jóvenes que no tenían una esperanza de futuro porque estaban metidos hasta adentro en el negocio de la venta de drogas. Los placeres materiales aparentemente no lograban completar la vida de estos jóvenes, quizás por eso necesitaban expresarse de esa manera: contando de todo lo que vivían y tenían (como si se lo estuvieran recordando a ellos mismos).
¿Cómo abordar esta cuestión?
Existen varias corrientes de pensamiento que analizan la relación entre música y sociedad:
- Escuela de Frankfurt: La música como industria cultural y herramienta de alienación (Adorno, Horkheimer).
- Marxismo: La música como parte de la superestructura ideológica (Marx, Gramsci, Althusser).
- Psicología conductista: Música y persuasión subliminal (Pavlov, Skinner, Bernays).
- Postmodernismo: Fragmentación de la realidad a través de la música (Baudrillard, Debord).
- Teorías conspirativas: Control social mediante frecuencias y simbolismo (David Icke, Alex Jones).
A pesar de la diversidad de teorías y la oposición de sus puntos, todas tienen en común algo: olvidan por completo el elemento fundamental de la música, esa raíz primigenia que da a luz a la música: la expresión del alma. Y es que no hay que perder de vista el punto central de la música en tanto y en cuanto la música es una expresión del alma. Es una expresión de algo que interpela al ser humano de manera que le es muy difícil explicar. La música puede ser un fenómeno social, como se lo entiende por cada una de estas corrientes y autores, en tanto y en cuanto es comercializada y alcanza cierta masividad que le permite ganar un valor productivo. Sin embargo, la música, históricamente, no fue un bien de cambio. Más bien, tenía connotaciones espirituales, servía para la transmisión cultural e histórica, también para el trabajo en comunidad (por ejemplo se cantaban canciones para marcar el ritmo a fin de hacer más llevaderas tareas repetitivas), entretenimiento y estatus social en algunos casos. No fue hasta posteriores a la revolución industrial que la música comenzó a dotarse de un carácter de bien preciado. Por ende, resulta injusto tratarlo netamente como un fenómeno social fundamentado en un bien de intercambio, debido a que es una expresión única del ser humano.
En este sentido, la pregunta no es si ¿La música es necesariamente un instrumento de adoctrinamiento para la población? sino ¿Que le está pasando a la población que está expresando esto? Hay un antiguo refrán arameo que dice que “no es lo que entra al hombre lo que lo contamina sino lo que sale de él”, y en este sentido John Lenon decía que “Cada persona es el reflejo de la música que escucha” a lo cual me tomaré el atrevimiento de, análogamente, decir que “cada música es reflejo del artista que la hace”.
Por eso, mi conclusión de este análisis es una pregunta. Con estas notas no pretendo darte respuestas, sino una pregunta para que vos formes tu opinión.
Conclusión
¿La música influye en la sociedad o la refleja?
0 Comentarios