Pequeños cursos de agua, grandes potenciales
La ciudad de Paraná no solo se caracteriza por tener un río en su costa y llevar su nombre. La geografía de la capital entrerriana es atravesada por varios arroyos. Muchos de ellos son desconocidos ya que están escondidos por la vegetación en sus márgenes y porque históricamente se los quiso ocultar, tapar y minimizar su valor.
Hay ciudades como Buenos Aires que han entubado y tapado sus arroyos pero esa ya no es la tendencia en el mundo sino todo lo contrario, se busca integrarlos al entorno urbano como recursos naturales, sociales y culturales. En lugar de verlos como obstáculos o focos de problemas, se busca aprovechar su potencial ecológico, paisajístico y recreativo.
Hace un tiempo uno de ellos, el arroyo Antoñico, fue noticia nacional por el trágico hecho de la muerte de Fiorella Furlan de 22 años al ser arrastrado su vehículo en una tormenta. Luego de esto y de convivir con márgenes y cursos de agua convertidos en basurales a cielo abierto algo cambió. La sociedad ve estos cursos de agua de otra manera y se espera que los funcionarios también.
Las obras comenzaron tímidamente pero al fin comenzaron. La Municipalidad de Paraná reinició en septiembre de 2024 con una inversión de $1.900 millones provenientes de fondos propios. La intendenta Rosario Romero destacó el esfuerzo municipal para retomar estos trabajos, paralizados durante diez meses. El proyecto de sistematización del arroyo Las Viejas abarca desde su nacimiento hasta su desembocadura en el río Paraná, a lo largo de 1.600 metros. Se prevé la ampliación de la alcantarilla de cruce en calle Ambrosetti, adecuación de captaciones pluviales, colocación de una reja de desbaste para el tratamiento de residuos sólidos urbanos, construcción de un playón de maniobra, completamiento del canal, rampa de acceso y filtro biológico en 130 metros, y construcción de calles laterales en 1.600 metros (800 de cada lado del arroyo).
Todo esto responde a una nueva mirada sobre los cursos de agua, aún llenos de posibilidades por explorar. Sus márgenes pueden forestarse, sus entornos convertirse en parques y plazas, y sus cauces actuar como conectores naturales entre barrios y espacios públicos. Esto implica no solo obras, sino también acciones educativas y de participación comunitaria. Aunque pueda parecer lejano, la tecnología actual permite transformar modestos arroyos en fuentes de energía limpia sin grandes embalses ni infraestructura invasiva. Esta innovación ya ha demostrado su eficacia en distintas regiones del mundo, incluso en zonas rurales o de baja densidad, abriendo el camino a una generación energética descentralizada, accesible y amigable con el ambiente. La clave está en aprovechar este potencial sin perder de vista la función esencial del escurrimiento pluvial.
Ciudades como Paraná, con una geografía rica en arroyos y cursos de agua, podrían convertirse en pioneras en la adopción de estas tecnologías en Argentina. Aprovechar estos recursos naturales mediante sistemas amigables con el ambiente permitiría no solo avanzar hacia una matriz energética más limpia, sino también generar beneficios concretos para los vecinos, reduciendo costos y promoviendo empleos verdes. Es hora de dejar de ver a los arroyos como simples molestias geográficas y transformarlos en paisajes urbanos integrados, fuentes de energía, de desarrollo local y de orgullo comunitario.
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